Evangelismo es...
martes, 20 de octubre de 2009
diciéndole a otro mendigo donde hay algo para comer.
Nadie sufrió como él
domingo, 18 de octubre de 2009
Aquí quemaron los pies de Cuauhtemoc, y valiente no hablo; allá hombres torturados en potro, en sillas eléctricas muertos de hambre y sed, agonizando durante días por venenos letales. Postrados durante años en camas de hospital. Viendo a su familia morir antes del fin. Pero nadie sufrió como él.
Por que Jesucristo vio a sus hijos, a su familia odiarle, a su creación volcando sobre su persona toda su furia. Porque por ese momento él fue cargado de pecado, de toda la maldad, culpa y dolor. Fue hecho pecado.
Por que la contradicción se hizo posible. Por que la divinidad se alejo de él
¿Alguien habrá cargado tanto peso?, ¿alguien asumirá el castigo de la humanidad?, ¿alguien asume tanta culpa?
Él lo hizo
Nadie sufrió como él.
Ícaro
lunes, 5 de octubre de 2009
CaigoCompito con densas gotas destiladas de mis antes bellas alas, con que hace unos momentos intente alcanzar al sol. Sol que de ser mi más vehemente deseo, se ha convertido en mi indiferente verdugo.
Habíamos salido de la terrible prisión en que confinados, suspirábamos con dolor. Y sin embargo fuimos libres. El cielo azul parecía ofrecerme un número infinito de posibilidades, un futuro lleno de promesas. Y ahora el futuro se muestra oscuro, definido.
Caigo
Siento que en cualquier momento chocare con el suelo. Siento que en cualquier momento me asiré de algo.
Caigo
Escucho la voz cada vez más lejana de mi padre, el único lazo que me une a esta vida, además del vértigo y las terribles nauseas que traspasan mi ser.
Con esfuerzo logro mirar el horizonte, el mar, mis prisiones. Mi ser se esta acostumbrando.
Pero ¿Quién soy? Ya no debo de ser yo, pues el era, el existía, en cambio yo…o en lo que me he convertido es una transición entre yo y la muerte, en donde solo un instante será el tramite.
La nausea se ha retirado, ya no siento nada
Caigo
La luz me atraviesa
Caigo
Ya no hay dolor, ya no hay culpa
Caigo, caigo
Sofía
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Sus ojos se esforzaban cada vez más, como si con la mirada fuera a retener aquel tren que se aleja con rapidez. Solo se distinguía un difuso rastro de humo que traía a la memoria los recuerdos de tiempos más felices.Las lágrimas comenzaron a brotar de aquellos ojos hinchados. -¿No he llorado ya bastante?- pensó pero sus ojos no le hicieron caso, aun había mucho que llorar.
Parada allí, gemía con dolor mientras gente iba y venia en su quehacer matinal. Ella, sola, con su agonía. Hubiera deseado que alguien la abrazara, que alguien le hiciera compañía y si bien no pudiera hacerla reír, por que estaba decidida a no volverlo a hacer, por lo menos llorase junto a ella.
Pero los rayos del alba aparecieron, metamorfosiando con lentitud la madrugada. Había que seguir con las ocupaciones diarias, había que seguir con la vida. Había que ayudar a mamá a cocinar el desayuno, levantar a sus hermanos y llevarlos a la escuela. Papa tendría hambre y había que llevarle el almuerzo a la imprenta. Por un momento le parecía percibir el penetrante aroma de la tinta en las manchadas manos de su padre. Seco sus lagrimas como pudo y, armada de valor camino en dirección a su hogar.
De cuando en cuando tenía que volver a repetir esta operación, resolviéndose a dejar el llanto. Pero el ajetreo de la gente aumentaba en su ser la sensación de soledad , sensación que la empujaba al sollozo y a la desesperación. Y a nadie le importaba.
Finalmente atravesó la puerta de su casa.
-Hermanitaaa- Grito una boquita rosada de cinco años, sobre la cual dos ojos brillantes e inocentes y algo adormilados se abrían, mientras sus bracitos se esforzaban por abrazar a la recién llegada.
Sofía, como si fuera el más experimentado doctor, había dado la dosis precisa que el alma de su hermana mayor necesitaba. Y esta sintió como si todo el universo se compadeciera y llorara junto a ella y la abrazara. Todo estaba bien.
Y la vida seguía. Había que ayudar a su mama a cocinar el desayuno, levantar a sus hermanos y prepararlos para ir a la escuela. Papa tendría hambre y había que llevarle el almuerzo a la imprenta. Por un momento le parecía percibir el penetrante aroma de la tinta en las manchadas manos de su padre. Seco sus lágrimas como pudo y, armada de valor camino.
El viernes de Pedro [V]
martes, 1 de septiembre de 2009
Su mano, su cabello, el suelo, mi espada. Todo compartía el rojo fluido que destila al olfato cobre dulce, que exita a la violencia…-Vuelve la espada a su lugar…¿Qué? Te he servido, te defendí, y ahora no solo me reprendes, sino que además sanas a este incircunciso. ¿Qué acaso no hemos llegado a este momento para hacer precisamente esto?
-…a espada perecerán.Y entonces ¿como rayos escaparemos?, ¿cómo nos liberaras?, ¿cómo podrá Israel ser otra vez libre de Roma?, ¿cómo podremos ayudar al pobre?, ¿cómo raeremos la falsa religiosidad?
-¿Acaso piensas que no puedo orar a mi padre, y que él no me daría mas de doce legiones de ángeles?Valla, no lo había pensado, venga, muéstrales con quien se han metido, muéstrales lo que es meterse con el Mesías y con los que él ha escogido. Hazlo como con los de Coré que fueron tragados por la tierra, o como en el Mar Rojo les paso a los siervos del Faraón. Hazlo sin misericordia y no perdones a ese traidor de Judas.
-¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?
-la copa que el Padre me ha dado ¿no la he de beber?¿No era figurado aquello de “El buen pastor su vida da por las ovejas”? Ten amor propio, defiéndete, defiéndenos. Estos no vienen con buenas intenciones ¿qué no sabes que sin ti nada podemos hacer?, ¿qué sentí morimos?
-¿Cómo contra un ladrón habéis salido con espadas y piedras para prenderme?No entiendo…tus manos son atadas y hombres armados te custodian, no haces nada. Tu mirada es imperturbable. ¿En qué estas pensando? ¡Sálvate!
Ya no hay tiempo, un guardia viene hacia mí. Parece irritado por lo que le hice a su compañero. Otro le sigue desenfundando la espada…
Corro, corro con mis compañeros a mis lados similares a ratas que se escabullen al ser descubiertas. La noche es esclarecida por una luz horripilante que me persigue. Caigo en la oscuridad.
Regresa, solo necesitamos a su maestro – una voz ronca exclama con un grito.
La tranquilidad se mezclo con el dolor de saber al Maestro capturado como un rufián, dolor equiparable al de mi seca garganta que jadea desesperada, percibiendo el sabor a cobre dulce que antes olfateé.
No, no, no. Esto es un sueño, una pesadilla. Pero si hace unos días nos recibieron como si fuéramos héroes de guerra. Algo va a pasar, algo de pasar.
Mis piernas se mueven casi por inercia, la maleza es mi escondite. Los soldados tratan con rudeza al maestro… desgraciados … la que les espera. Algo va a pasar, lo se. Los seguiré…
El viernes de Pedro [4]
miércoles, 17 de junio de 2009

Ahora hablare yo
Cuando Judas se separo de mi maestro advertí la guardia que le seguía con antorchas y espadas. No les quite la vista de encima y espere el momento indicado, espere a que uno de ellos se descuidara. Un instante después, el alarido de aquel centurión se mezclo con el rojo que chorreaba de su cabeza.
Ahora me doy cuenta de mis errores, pero entonces la ira me había cegado. Hubiera compartido la prisión con mi señor, pero este no era mi camino. Y mi camino, el que era el mío, no lo seguí.
Aquel fue el último milagro que le vi hacer a mi amado Jesús. Me pregunto qué será de aquel centurión que vio perdida con tal violencia su oreja y que después, sintió el calor y amor de Dios en su oreja sanada. Quizás el ver a alguien como yo, era seguidor de alguien como Él reafirmo esa sensación de amor intenso.
Divagando sobre el problema real
miércoles, 3 de junio de 2009
Un demonio experto aconseja a su sobrino en el libro de CS Lewis
(Cartas del diablo a su sobrino). Haríamos bien en escuchar:
“Debes traer al paciente a la condición en la que pueda practicarse un auto-examen de una hora sin descubrir ninguno de los hechos sobre sí mismo que son perfectamente claros para cualquiera que ha vivido con él en la misma casa o
ha trabajado con él en la misma oficina”.
¿Qué nos dirían nuestros familiares y colegas que debemos cambiar si fueran honestos con nosotros? O más bien, si nos atreviéramos a preguntar.
“Es curioso cómo los humanos piensan que nosotros (los demonios) les ponemos cosas en la mente: en realidad nuestro mejor trabajo se lleva a cabo si logramos mantener cosas fuera”.El problema no es lo que entra, sino lo que sale.
El problema está adentro. ¿Qué cosas trata el enemigo de mantener fuera? Pienso que la ‘verdad’.
“Lo indicado es dirigir la malicia de tu paciente a sus vecinos
inmediatos —a los que ve día a día— y enviar su benevolencia a los más remotos, a gente que no conoce. Entonces la malicia se vuelve real y la benevolencia imaginaria”.
¿A quién trato bien y a quién mal? En definitiva, cuesta más tratar bien a aquel con quien convivo a diario.
El problema real, entonces, está dentro de mi.
